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Las mil y una noches del Elíseo



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"Todos los presidentes de la República han tenido aventuras extramaritales. Las amantes deben de ir con el cargo. El hecho de que François Hollande haya caído en lo mismo sólo confirma que es uno de ellos y cumple con la tradición francesa", comenta el 'paparazzi' Sébastien Valiela. Para el reportero gráfico que difundió en 'Closer' las pruebas del amor furtivo entre el mandatario galo y la actriz Julie Gayet, los inquilinos del Elíseo son, antes que hombres de estado, sencillamente hombres. Y hay una cierta permisividad social en el Hexágono respecto al adulterio, que se aplica a los altos dignatarios en mayor medida que a los ciudadanos de a pie.

Según un sondeo realizado en noviembre de 2011 por el portal francés Gleeden, especializado en relaciones extraconyugales, el nivel de infidelidad va parejo al grado de estudios y la posición económica. De ahí que los grandes 'entrepreneurs', directivos y cargos electos se lleven la palma en promiscuidad.

A esta misma conclusión llegaron Christophe Deloire y Christophe Dubois en su libro de 2006 'Sexus politicus', donde enumeran los encuentros íntimos de parlamentarios y gobernantes en los despachos del poder, empezando por el Elíseo, que debe de ejercer algún hechizo libertino sobre sus moradores puesto que el palacio presidencial fue, en sus orígenes, residencia de la más célebre amante de Luis XV: madame de Pompadour.

"Francia es un país excepcional donde un Presidente puede tener dos mujeres, como en una República Polígama donde eso no choca a nadie", señalan Deloire y Dubois. Para la psicóloga Maryse Vaillant, autora de 'Les hommes, l'amour, la fidelité', el Hexágono está a la cabeza de las naciones desarrolladas en cuestión de adulterio, que aquí se juzga benévolamente como "una práctica sana que combate la rutina marital de las élites".

Mujeres de bandera

Tal vez por eso la prensa local no ha crucificado a François Hollande, como exigía el corresponsal del diario británico 'Daily Telegraph', tras definir su idilio como una catástrofe nacional. Al actual inquilino del Elíseo le salva que tiene a sus paisanos perplejos por su capacidad de seducir a mujeres de bandera y el hecho de que casi todos sus predecesores se destaparan, al llegar al poder, como unos mujeriegos irredentos.

"Salvo De Gaulle, la mayoría de los jefes de estado de la Quinta República han sido infieles a sus consortes, dedicándose a perseguir damas en vez de solucionar los problemas de Francia", señala Renaud Revel, autor de 'Les Amazones de la République', que trata de la fascinación que los dirigentes galos han ejercido proverbialmente sobre las periodistas.

Entre otros relatos de política y cama, el libro nos descubre que el primer estadista que se fijó en la hoy sufriente Valérie Trierwieler fue François Mitterrand quien, ya achacoso, en vez de intentar seducirla, la enchufó en 'Paris Match'. Y explica que fue Françoise Giroud, directora de 'L'Express' en los 70, quien impuso la tradición de destinar a Palacio y a las dos cámaras a reporteras guapas y ambiciosas que intimaran con los altos cargos.

Eran los tiempos de la revolución sexual y el presidente electo Valérie Giscard d'Estaing (1974-1981) le dio al Elíseo un nuevo estilo que rompía con la austeridad impuesta por el heredero de De Gaulle, Georges Pompidou, a quien jamás se atribuyeron líos de faldas salvo un rumor sin fundamento sobre su querencia por las 'boîtes' de intercambio.

'Affaire' con Lady Di

Según las crónicas, a pesar de estar casado con la discreta Anne-Aymone, por el lecho de Giscard pasaron figuras del cine como Mireille Darc, Cathy Rosier, Marlène Jobart -con quien estrelló una noche el Ferrari que les había prestado Roger Vadim- o la protagonista de 'Emmanuelle', Sylvia Kristel. Cuenta la leyenda que Isabelle Adjani rechazó cenar con él y el propio mandatario, en un libro de 2009 ('La princesse et le président'), se atribuye el mérito adicional de haber enamorado durante una recepción oficial a la mismísima Lady Di.

Tras vencer en las urnas a VSG, el socialista François Mitterrand (1981-1995) se dedicaría a emularle en sus devaneos amatorios. Así, amén de tener como mujer a Danielle y como amante oficial a la conservadora de museo Anne Pingeot -con quien había engendrado en 1974 una hija llamada Mazarine-,se divirtió persiguiendo artistas, reporteras y colaboradoras, a las que solía dar carpetazo bruscamente, tras varios encuentros carnales.

Hubo quienes lo encajaron deportivamente, como la actriz Annie Girardot o la astróloga Elizabeth Teissier, y quienes padecieron el abandono, como la cantante Dalida, la joven periodista sueca Chritiana Forsne -a la cual doblaba en edad: 62 contra 31- o la temperamental Sylvie Pierre-Brossolette que, llena de rencor, acudía cada noche a la rue du Faubourg Saint-Honoré para insultarle bajo la ventana. ¡Cuán frenética sería, durante aquellos 14 años, la actividad sexual de Mitterrand que el personal de palacio rebautizó el éxito de Dalida "Gigi l'amoroso" (1974) como "Mimi l'amoroso", en alusión a su insaciable presidente!

"¿A ésta también se la tiró el viejo?", le preguntaba Jacques Chirac (1995-2007) a su chofer Jean-Claude Laumond respecto a las innumerables conquistas de su predecesor. A cada vez, el conductor asentía y el mandatario se encelaba. Apodado en el Elíseo 'Cinco minutos, ducha incluida', por la supuesta brevedad de sus relaciones sexuales, Chirac fue, como los demás, un auténtico 'depredador' que, a espaldas de su esposa Bernardette, lo mismo se acostaba con la reportera parlamentaria Michèle Cotta que con la columnista izquierdista Jacqueline Chabridon o con la redactora de AFP Elisa Friederich, a quien llevó de viaje a Roma o a Mauricio con cargo a sus gastos de representación.

El hiperactivo Nicolas Sarkozy

Claro que el líder 'gaullista', hoy tristemente aquejado de alzheimer, también picoteó fuera de la sala de prensa, atribuyéndosele idilios con la diputada Elisabeth Hubert, la ministra de Sanidad Michèle Barzach o la actriz italiana Claudia Cardinale. "Con él, las mujeres desfilaban", llegó a confesar Bernardette Chirac a su biógrafo Patrick de Carolis.

¿Y el hiperactivo Nicolas Sarkozy (2007-2012)? ¿Continuó con la tradición de sus mayores? Por supuesto que sí, cuenta su ex Cecilia, quien recuerda cómo, en mayo de 2005, siendo aún Ministro del Interior, se enamoró perdidamente de la periodista Anne Fulda cuando ella hizo el primer amago de abandonarle para irse con Richard Attias.

Una vez que Cecilia volvió, Sarko comunicó por sms a la redactora de 'Le Figaro', ¡el mismo día de su cumpleaños!, que todo había terminado. Luego su mujer le dejaría definitivamente al poco de ganar los comicios al Elíseo. Pero Fulda ya había caído en desgracia y él terminaría consolándose con Carla Bruni, a quien había conocido en una cena mundana 'chez' Jacques Séguéla.

Seis meses más tarde, el presidente convirtió a la voraz ex modelo en primera dama de la República y, con un bebé en camino, el palacio se volvió insoportablemente monógamo. Hasta que la llegada al poder del socialista François Hollande, con su altiva 'first girlfriend' y su risueña segunda dama, ha reinstaurado las alegres intrigas cortesanas en los salones de la Pompadour. Comentario

Fuente: elmundo.es








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